Testimonios

Todos los testimonios aquí recogidos omiten información que pueda comprometer la seguridad y el derecho a la intimidad de las víctimas.

Testimonio presentado en el periódico El Tiempo. Testimonios de la crueldad contra las mujeres en La Gabarra, 25 de septiembre de 2007.

“Desde el 27 de octubre de 1999, cuando paramilitares del ‘Bloque Catatumbo’ intentaron violarla y le manosearon los senos, ella no soporta que alguien siquiera la mire o le toque el cuello. ‘Mátenme pero no me hagan nada, mejor mátenme pero no me vayan a violar. Ya se llevaron a mi papá’, les gritaba ese día a ‘Chicharrón’ y ‘Cordillera’, los ‘paras’ que los retuvieron en un puerto de La Gabarra, mientras le rasgaban la blusa y la golpeaban con sus fusiles para que se callara. Han pasado ocho años y ella sigue gritando. ‘A veces estoy bien y de pronto me voy a bañar, me miro el cuerpo, recuerdo eso y cambio totalmente, me pongo agresiva. Eso es un disco que está ahí, ahí’ dice la muchacha, hoy de 28 años”.

Testimonio recogido en el trabajo de campo de la Corporación Humanas. Putumayo.

 “Se conocen por lo menos 8 casos de violaciones que se hicieron de manera pública (delante de personas de la familia) a mujeres por parte de los paramilitares. Las violaciones se hacían para castigar a las mujeres por comportamientos como adulterio, abandono de los niños, su vestuario vulgar, horas de salida muy tarde, frecuentar sitios que no debían”.

Testimonio recogido por la Mesa de Trabajo Mujer y Conflicto Armado. Informe sobre violencia sociopolítica contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia. 2003-2004.

“[En los retenes de los paramilitares] han manoseado a varias mujeres cuando están haciendo sus requisas, argumentando que a la mujer la utilizan para muchas cosas ilícitas, y entonces ellos, en medio de sus requisas, se aprovechan y manosean a las mujeres. Y cuando la gente revira, la argumentación es esa, que ellos ya han detenido a muchas mujeres, que por esto, por lo otro y entonces dicen que tienen que ser estrictos en sus requisas”.

Testimonio recogido por Naciones Unidas en el Informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, 2002.

“E se unió a la guerrilla (FARC) cuando tenía 13 años […]Cuando tenía 19 años el comandante de la guerrilla de su grupo se aprovechó de su rango para llevársela a solas y violarla. Luego la golpeó y la mandó a casa […]”.

Testimonio presentado en el periódico El Tiempo. Historia de una alianza insospechada, 29 de abril de 1998.

“Dulfary Torres, esposa del suboficial César Guzmán Jiménez, apareció muerta el pasado 2 de marzo en la casa fiscal que les estaba asignada […] en Villavicencio. Según el protocolo de necropsia A-111-98, la víctima tenía heridas de puñal en el cuello y el tórax. De acuerdo con un dictamen del laboratorio forense también presentaba signos de violación. […] Sabía demasiado… Según su relato [el del primer detenido acusado del crimen], corroborado ya en aspectos sustanciales por el Cuerpo Técnico de Investigación, la esposa del suboficial sabía demasiado en relación con un plan que su esposo, compañeros suyos y hombres de las Farc habían concebido para atentar contra las propiedades de Víctor Carranza, zar de las esmeraldas, procesado actualmente bajo el cargo de crear grupos de justicia privada”.

Testimonio recogido en el Tribunal Simbólico contra la violencia Sexual realizado en Colombia por la Corporación Humanas en 2011. 

“En 2002, en el barrio Santo Domingo Savio, ubicado en la comuna uno de la ciudad de Medellín (Antioquia), una mujer líder puso en riesgo su integridad física para evitar que sus hijos fueran reclutados por el bloque Cacique Nutibara. En retaliación por haber protegido a sus hijos, cuatro integrantes de ese bloque la amarraron y encerraron en su propia casa durante toda la noche y la mañana siguiente, tiempo en el que la violaron en varias oportunidades. Posteriormente, la amenazaron de muerte si no guardaba el silencio cómplice de la impunidad y del desplazamiento a que fue obligada”.

Testimonio recogido por Amnistía Internacional en Cuerpos marcados, crímenes silenciadosViolencia sexual contra las mujeres en el marco del conflicto armado. Madrid, 2004.

“Hay importantes indicios de que la violencia sexual se empleó habitualmente en otras masacres perpetradas por fuerzas paramilitares, según los informes a menudo en connivencia con las fuerzas de seguridad [… ] En el corregimiento El Tigre del municipio de la Hormiga (departamento de Putumayo), el día 9 de enero de 1999 se produjo una incursión paramilitar, según los informes con la colaboración de la Brigada XXIV y agentes de la policía. Al menos 26 personas fueron ejecutadas y 14 ‘desaparecieron’. Al parecer, algunas de las personas ejecutadas fueron sometidas previamente a tortura y mutilaciones de índole sexual. Entre las víctimas figuran desde niños y adolescentes hasta ancianas y mujeres embarazadas. Esta masacre marcó el comienzo de la ofensiva paramilitar en Putumayo, departamento que había estado bajo control de las FARC. A raíz de estos hechos, 700 personas de este corregimiento y otras poblaciones cercanas se desplazaron por toda la región, huyendo inclusive hacia el vecino Ecuador”.

Testimonio recogido por Naciones Unidas en el Informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, 2002.

“Hemos vivido bajo un terror sin límites. El barrio sólo tiene una salida y está bajo el control de los paramilitares. Se saca a la gente de las casas y se les da muerte ante sus familiares e hijos. Han matado a propietarios de comercios que se niegan a pagar sobornos. En las dos últimas semanas han matado a seis mujeres, algunas por presuntas relaciones con la guerrilla, a otras por negarse a tener relaciones carnales. A una muchacha la violaron antes de matarla, le sacaron los ojos, le arrancaron las uñas y le cortaron los senos. A un muchacho le cortaron el pene y se lo metieron en la boca. Constantemente se producen tiroteos entre distintos grupos armados. No podemos dormir. Tememos salir de casa para ir a trabajar o mandar a los niños a la escuela. Cuando llega la policía todo está en calma y los paramilitares se mezclan con ella mientras recorren el barrio. Necesitamos paz. El Gobierno tiene que hacer algo”.

Testimonio recogido por Amnistía Internacional, 2012.

“El 18 de mayo de 2012, una mujer indígena de 40 años que padece dificultades de aprendizaje salió de su casa en el resguardo donde vivía, en el departamento de Putumayo, a buscar comida para su ganado. Cuando regresaba, un soldado del ejército la agarró junto a la carretera. La mujer logró escapar, pero el soldado volvió a atraparla, la arrastró hasta unos matorrales y la violó. Según informes, en ese momento la unidad del ejército a la que pertenecía el soldado —el Batallón Especial Energético y Vial No. 9— estaba a tan sólo 100 metros”. 

Testimonio recogido por la Defensoría del Pueblo en Promoción y monitoreo de los derechos sexuales reproductivos de mujeres víctimas de desplazamiento forzado con énfasis en violencias intrafamiliar y sexual. Bogotá, junio de 2008.

“Chocó, zona rural, desde inicios del año 2007 miembros de las FARC estaban buscando a mi esposo porque él era motorista de una lancha, lo presionaban para que les ayudara. Iban a  buscarlo  y como no lo encontraron, tres tipos me pegaron, me insultaron, destruyeron mi hogar y sin piedad abusaron de mí. Mientras uno me agarraba otro me tapaba la boca para que yo no gritara mientras el otro me violaba gritándome que tenía que disfrutarlo para que no me mataran […] lo peor de todo es que aún tengo una enfermedad de transmisión sexual”.

Testimonio recogido por la Organización de Estados Americanos. Las mujeres frente a la violencia y la discriminación derivadas del conflicto armado en Colombia. Washington, 2006.

“[…] la Relatora recibió información sobre la zona de Catatumbo, en  Norte de Santander, indicando que uno de los factores que ha obligado a las mujeres a desplazarse, aparte de la muerte de sus esposos o hijos, es la amenaza que recae sobre sus hijas mayores de 14 años, de ser reclutadas para las filas de los paramilitares para convertirse, no sólo en combatientes, sino también para ser explotadas sexualmente por los actores armados”.

Testimonio recogido por Amnistía Internacional el 16 de noviembre de 2003. Publicado en 2004.

“Hace dos años saliendo de Neiva [departamento de Huila] el ejército nos bajó [del autobús]. Al muchacho que estaba conmigo lo mataron. A mí me violaron entre ocho y nueve soldados. Me dejaron en el camino, hasta que cogí un carro. Cuando llegué a Dabeiba [departamento de Antioquia] estaban los paramilitares. Dijeron que yo era de la guerrilla. El comandante de los paramilitares me violó”.

Tribunal Simbólico contra la violencia Sexual realizado en Colombia por la Corporación Humanas en 2011. Sur de Bolívar, 2003.

“En mayo de 2003, miembros del Bloque Central Bolívar, al conocer que una mujer había sido esclavizada sexualmente por la guerrilla, fue visitada en su casa por cinco hombres vestidos de negro quienes le obligaron a suministrar información. Durante tres días estuvo secuestrada y sometida a todo tipo de violencias sexuales por parte del comandante. En este contexto de privación de la libertad, la violencia sexual fue utilizada por parte de los paramilitares con la finalidad de castigar, al vincular a la mujer con el enemigo, así como de obtener información que les fuese útil para la guerra. Estos hechos se repitieron varias veces durante 2003”.

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